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Artículos Publicados
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Publicado por Gutierrez Cuartero, Pilar el 30/Mar/2009
los distintos rostros de la pobrezalos cristianos sufrimos con quienes sufren y nos alegrmos con quienes están alegran.
Publicado por Gutierrez Cuartero, Pilar el 16/Mar/2009
DISTINTOS ROSTROS DE LA POBREZALA CARIDAD ES UNIVERSAL. NO HAY QUE PERDER LA ESPERANZA, PUES EL FUTUTO ESTÁ EN MANOS DE LOS JOVENES Y ÉSTOS EN MANO DE QUIENES LOS EDUCAN, DE AHÍ QUE MUCHOS PENSEMOS QUE MUCHOS PENSEMOS QUE TODO AÚN NO ESTÁ PERDIDO. FIJAROS QUE CAPACIDAD DE RESPUESTA TIENE ALGUNOS ALUMNOS DE 3º DE E.S.O. ANTE TANTO DOLOR Y SUFRIMIENTO, EL DE NUESTROS HERMANOS LOS HOMBRES.
Publicado por Pina Rives, José Pascual el 20/Ene/2009
El Open MatemáticoConcurso de resolución de problemas de Matemáticas Artículo publicado por José Pascual Pina Rives
Publicado por Serrano Estañ, Manuel el 16/Ene/2009
25 AniversarioDisertaciones
Publicado por Serrano Estañ, Manuel el 16/Ene/2009
Fin de Curso 2.00030ª Promoción
Publicado por Serrano Estañ, Manuel el 20/Dic/2008
Final de curso 1.99727ª Promoción
Publicado por Serrano Estañ, Manuel el 20/Dic/2008
Fin de Curso 2.00232ª Promoción
Publicado por Serrano Estañ, Manuel el 20/Dic/2008
Publicado por el 10/Dic/2008
Más clases de educación física.Una plaga del siglo XXI: la obesidad.
Publicado por el 09/Dic/2008
RAFAEL PAEZ Y MIGUEL ANGEL ROBLESVIDAS PARALELAS RAFAEL PAEZ MANSO Y MIGUEL ANGEL ROBLES, VIDAS PARALELAS
Las despedidas son el momento de ajustar cuentas, de decir lo que normalmente piensas y no te atreves, de rendir un homenaje, esté o no justificado, de añadir merengue a las relaciones, que como ocurre con todos los azúcares, si quedan en lugar cerrado fermentan y se transforman en ácido que todo lo corroe, algo que no hace falta recordar a los de ciencias. Y Rafa se marcha y con él un compañero de muchos años; compañero de fatigas y risas, lo de fatigas es mero recurso retórico, supongo que no hace falta señalarlo. Yo lo tengo asumido, pero el resto del claustro no da crédito y lo está viviendo como la separación pública de un matrimonio ejemplar, como si se divorciaran Ortega y Gasset o Gabriel y Galant. Nuestra relación a nivel local ha hecho correr más comentarios que la de Pantoja y Cachuli en salsa de tomate. Y sí, hoy podemos decirlo abiertamente, éramos pareja de hecho, a tiempo parcial por supuesto que nadie se altere, lo que no es sinónimo de que todo fuera miel sobre hojuelas.
Ambos hemos vivido mucho juntos y si Plutarco estuviese presente nos abriría un capítulo de su famoso libro Vidas Paralelas, dedicado a los grandes hombres de su tiempo conocidos por sus hazañas afrontadas sin torcer el gesto, con varonil determinación, situándonos a la misma altura que Cesar o Alejandro el Mágnum, que estaba riquísimo como su propio nombre indica.
Nuestro primer contacto, platónico eso sí, que no dormimos juntos hasta muchos años después, fue a primeros de los noventa, pero no surgió la química sino la cordial rivalidad. Dos machos dominantes en el mismo corral deben refrenarse y las chispas saltaban en el aire producto de la alta tensión que nuestras fuertes personalidades emanaban. A nuestra desafiante juventud uníamos un atrayente aspecto exterior, una fácil soltura de palabra que nos hacía parecer incluso cultos y una arrolladora simpatía que incrementaba el incuestionable atractivo que desprendíamos. Nuestra tarjeta de presentación eran unos músculos tallados a cincel en los campos de entrenamiento y una ágil mente formada en los bares de ambiente donde exponíamos en libre subasta los frutos que la madre naturaleza nos concedió con largueza para deleite de las aborígenes de las tierras que horadábamos y que competían entre ellas por lograr nuestros favores, triunfo que les justificaba toda una vida.
Cada uno, a su modo y en su lugar, portábamos una historia similar en el fondo destinada a coincidir, como así fue por aquellas lejanas fechas; digo lejanas porque Rafa ya no es ningún niño, a pesar de su imagen casi anoréxica que le confiere un aspecto juvenil y ese pelito con coquetos remolinos que tanto encanto trasmite aniñando una cara, en la que si te fijas bien, ya surcan las huellas del tiempo con unas inocultables patas de gallo que ningún afeite ni crema mágica logra eliminar a pesar de usarlas con prodigalidad. Ni tampoco su dieta estricta en la que prescinde de los hidratos de carbono al final de la comida, o sea, pues el chico es un tanto cursi y rebuscado, que no toma postre. ¿ O creéis que ese tipín de torero caro es natural? No señor, está delgado porque no come. Y digo yo, dónde está el mérito; lo grande es conseguirlo siendo un zampabollos como yo.
Sexis y enrollados, Rafa e incluso yo, aunque os cueste creerlo al contemplar el riguroso continente con que me dirijo a vosotros, representábamos el espíritu que orlaba a los estudiantes de Educación Física; un grupo exclusivo entonces, cuando no se podía estudiar esta carrera salvo en dos universidades, al contrario que ahora, donde gente de poco más o menos como Trino es capaz de acceder sin mayores problemas ni mérito conocido. La democratización universitaria ha sido la ruina del prestigio; la popularización de los estudios superiores la muerte de las élites nacidas para regir el mundo; se ha cumplido la rebelión de las masas y su correlato de banalidad, sin embargo Rafa y yo simbolizamos el último eslabón entre el vulgo y la aristocracia. Selectos pero cordiales; elegidos entre los mejores, mas llanos con los humildes, pues no olvidamos nuestro origen. Un ejemplo del humanismo renacentista. Perdonen que hable tanto de mí al referirme al señor Páez, pero soy el tema que mejor conozco, el que más próximo e interesante encuentro, en realidad este homenaje a mi compañero es una excusa para darme yo un baño de realismo, para recrearme el oído ahora que me faltan las abuelas, aunque algunos lo encuentren ditirámbico y desmedido.
Señores y señoras, miembros y miembras de la mesa presidencial, el encontrarme dentro de un templo del saber me hace recordar una frase célebre de uno de los grandes filósofos que atormentan el último año de los estudiantes de bachiller, el gran Hegel, cuyo abstruso lenguaje resulta imposible descifrar. Pero hasta los más intrincados tienen momentos de claridad y este egregio erudito, ante similar situación dijo: algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Su fértil mente fue capaz de darle la vuelta a tan eximio pensamiento y reformularlo de la siguiente manera mucho más profunda y precisa si cabe: cuando un amigo se va algo se muere en el alma. Todo un creador y perdonen que al citar de memoria no recuerde el texto completo. Yo estoy de acuerdo con el filósofo y hago mías sus palabras; máximas como estas te reconcilian con el esfuerzo que supone iluminar las cabezas, obstinadamente opacas en ocasiones, que llegan año tras año hambrientas de conocimiento.
Don Rafael se va, es una realidad incuestionable, y deja el departamento Sol Meliá huérfano; lo que empezó como una pareja se transformó en un cuarteto para evitar el aburrimiento y es a partir de hoy desgraciadamente un trío, asociación, por cierto, mucho más peligrosa. Aunque caben otras lecturas, las atribuibles a un líder empresarial como es nuestro eximio colega, experto en inversiones especulativas bursátiles: que Rafa haya decidido irse para explorar otros mercados y efectuar una OPA hostil al Gabriel Miró. Quienes conviven a diario con él saben de su fértil mente a la hora de idear negocios y de su incapacidad congénita para iniciar ninguno. Y es que Rafa es un creativo, no un vulgar currante, para eso están Paco y Pedro a los que llevamos a esquiar, convencidos de que nunca llegarán a parte alguna, si bien muy útiles en las tareas menestrales de carga y descarga.
El amigo don Rafael de Páez y Manso, marques del condado de la gran vida, es amante de la buena mesa, catador de caldos con trapío y profesor de tertulias largas y enjundiosas. Un liberal en estado puro y un crisol de culturas, que aglutina entorno de sí la pluralidad de esta España rica en tradiciones, mestiza y variada. De origen castellano – murciano, nacido en la otrora provincia Vascongada, estudió en Cataluña y casó bajo los auspicios de Jordi Puyol, el padre del central del barça, como todos sabéis. Un emigrante cuya única bandera es la bonhomía y cuya única patria sus amigos y familiares.
El señor Manso, que así se apellida, es todo lo contrario de un hombre vulgar, lo más alejado de un cualquiera, es un compañero que merece la pena y un amigo sincero sin estridencias ni palabrerías, alguien que está si hace falta y que si no hace falta nunca estorba. Creo poder decir que es mi amigo, aunque no se cumpla el aforismo de Louis Pasteur que sentencia: Los verdaderos amigos se tienen que enfadar de vez en cuando.
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